El mexicano (El ocaso del mariachi)

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Tras debutar con El mariachi en 1992, la carrera de Robert Rodriguez se convirtió en una montaña rusa donde hay de todo un poco. Vampiros mexicanos en Abierto hasta el amanecer, una invasión extraterrestre en un instituto en The Faculty, adaptaciones de cómic con Sin City (y su horrible secuela),  finalizando con unos niños muy peligrosos de su historia de Four Rooms (uno de sus trabajos más aplaudidos por la crítica). 

Desperado funciono bien, no solo se convirtió en la secuela/remake de la mencionada El mariachi sino que dejaba la puerta abierta para una nueva y sangrienta del personaje. Fue nada menos que Tarantino (amigo del director) quien le convenció para que hiciera una tercera aventura ya casi a modo de cierre de un circulo que no llegó hasta el año 2003.

Once Upon a Time in Mexico (todo un guiño a Sergio Leone), aquí incomprensiblemente titulada El Mexicano contaba con suficientes ingredientes para convertirse en un estupendo cierre de trilogía. Su primera baza era su reparto de nuevo con Banderas al frente, Salma Hayek (con una breve participación ya que se encontraba en el rodaje de Frida), Cheech Marin (con un personaje diferente al de Desperado), Willem Dafoe (interpretando a un narco mexicano), Danny Trejo (en lugar de Tarantino), Mickey Rourke (y su perrito Loki), Eva Mendes, Ruben Blades y hasta Enrique Iglesias (que debutaba en el cine).

Entre todo ellos destacaba Johnny Depp, recién salido del mega éxito de Piratas del Caribe, donde por primera vez interpretaba a Jack Sparrow. Depp esta aquí en su salsa, interpretando a un agente de la CIA que quiere organizar un golpe de estado en México. Casi siempre ataviado con disfraces cutres e imposibles o con unas camisetas ridículas.

Los problemas del filme, por un lado el salto al formato digital. Sobretodo canta muchísimo en la sangre y en esa pobres explosiones, que le quita todo el salvajismo y violencia de la anterior entrega. Por otro lado Robert Rodriguez aquí se convierte en el hombre orquesta del cine. Dirige, escribe, produce, diseña los efectos especiales, compone la banda sonora (y seguramente hasta hizo  el catering para los actores).

Como dice el dicho “El que mucho abarca poco aprieta” y uno se pierde en una trama donde los personajes entran y sale de la acción sin mucho sentido. Mientras que el héroe, lo único que quiere es vengarse del hombre que asesino a su esposa y poco más. La acción tiene momento muy logrados como la huida del hotel (sin duda un autohomenaje a su opera prima), el tiroteo en la iglesia o la persecución en moto. Pero queda todo muy episódico, dejando una sensación agridulce de lo podría haber sido y al final no fue.

Por @ged_joe

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