Colección Sincriterion I. Armageddon mon amour

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Amig@s mios. Ya que estamos tod@s aquí reunid@s, acercaos a mi, quiero compartir con vosotr@s una historia. Acercaos, echad leña a la hoguera, formad un círculo a mi alrededor, creemos un clima de confianza, y me confesaré…

Yo fui Gafapaster. Si, lo reconozco. Fue hace mucho tiempo, en mis años mozos universitarios, donde el ambiente bohemio y el humo de cigarrillos de la risa hicieron de mí un elitista moral de recta ética cinéfila. Deambulaba por salas madrileñas de alto copete Gafapaster como la Filmoteca, los Renoir, los Ideal, y me dejaba inundar por el surrealismo de David Lynch, los delirios de Fellini y, sobre todo, el dogmatismo de cámara al hombro de Lars von Trier. No llevaba gafas, nunca las he necesitado, pero sentía el peso de su montura en mi cara. Cada vez más. Hasta que la chica que me gustaba me dijo que no (a ver, no nos engañemos, a todos los que han pasado por esa etapa de la vida era porque había una chica de por medio).

Y fue después de ver Rompiendo las Olas del ínclito Lars von Trier, que decidí que ya no aguantaba eso. Decidí que el cine no estaba hecho para sufrir, que no tenía ningún sentido estar jodido durante 2 horas en la butaca de la sala, que ya bastante caro estaba como para encima estar sufriendo. Y llegó el día en que supe que el cine de Hollywood era el que yo queria ver. Una película tuvo la culpa: Armageddon. Un hombre me abrió los ojos definitivamente: Michael Bay.

Tras la estupenda La Roca y Dos Policías Rebeldes, el creador del travelling circular contra picado a cámara lenta, Michael Bay me entregó en su tercera película aquello que renuncié por el postureo (tan de moda hoy, por cierto). Acción, efectos especiales, chistes (malos y peores), buenos personajes, humor, montaje rapidísimo y explosiones… Muchas explosiones. Producida por Jerry Bruckheimer y Don Simpson (DEP), dos genios tarados influenciados por la Cannon y que tenían como mandato entretener y explosionar cosas, responsables de cintas como Top Gun, la saga de Piratas del Caribe, Con Air (realmente la película que empezó a despertar el gusanillo de los blockbusters), Black Hawk Derribado, Enemigo Público y demás, fueron responsables de mi despertar palomitero (y eso que no me gustan las palomitas). Y Michael Bay su profeta.

La premisa de Armageddon es clara y directa: un asteriode comparable con el que acabó con la vida de los dinosaurios, se acerca a la Tierra. La única opcion de pararlo son unos taladradores de petróleo un poco tarados, liderados por Harry Stamper, o lo que es lo mismo, Bruce Well, Well, Well Willis. Poca originalidad (además, compitió en esa moda ridícula que tiene Hollywood de hacer dos películas de la misma temática, con Deep Impact), pero sobrada de entretenimiento, planos estudiados, rusos alcohólicos locos, la NASA y por supuesto, el sueño húmedo de Michael Bay: Marines (en el espacio). Algunos la tacharán de fantasiosa (si), de fantasmada (también), de descerebrada (por supuesto, y menos mal), hecha para personas con encefalograma plano (seguro), pero Armageddon es una de las películas más entretenidas que han pasado por las salas de cine. Me quedo con la escena final de Bruce Well, Well, Well Willis despidiéndose de Ben Affleck y su lagrimilla (por algo es mi avatar).

Por si a estas alturas algun@ no se ha dado cuenta, vamos a dejar una cosa clara. Guste más o guste menos, el cine, además del Séptimo Arte, es entretenimiento, y hay productos en las salas de cine y en las plataformas de VOD para ambos casos. Si alguien busca en Armageddon otra cosa que no sea entretenimiento, está muy equivocado (o busca una excusa para arremeter contra la gente que sí le gusta). Que alguien decida optar por el cine de entretenimiento, no le hace ni más ni menos culto que la persona que decida ir a ver The House That Jack Built de von Trier. Es así de sencillo. Y en mi caso, gracias a Armageddon (y a Spielberg, James Cameron, Roland Emmerich, M Night Shyamalan, Renny Harlin, Jan de Bont, John McTiernan, John Millius, Walter Hill, Tony Scott, Ridley Scott, Martin Scorsese, etc, etc, etc), he aprendido a disfrutar y entretenerme en la sala de cine, sin pretender nada más.

Y así es amig@s mios, así es como empezó Sincriterion. Más que una elección, una forma de vida. Ahora, una vez liberado del peso de la montura de las gafapaster, os instruiré en este camino, posiblemente impuro, pero repleto de entretenimiento… Mucho entretenimiento. Apaguemos la hoguera… Retirémonos y soñemos (mientras escucho a Trevor Rabin) con el camino que se nos ha puesto por delante.

¡Hasta el siguiente!

Por @Sincriterion

 

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